PASADO Y PROBABLE FUTURO DEL CAMPO ARGENTINO.
Víctor Luis Funes


El campo me entusiasma desde la más tierna infancia, por muchas razones. Por una acentuada vocación que preservo desde chico. Mas que una simpatía fue un ímpetu, una efervescencia febril y arrebatadora. También el campo me apasiona por la grandeza que implica permitirnos ser copartícipes del plan de la Creación; por el particular señorío - severo, innato, recatado - que impera entre su gente; por una cierta incontaminación moral; por su acendrado y actuante espíritu cristiano - “gauchadas” de por medio -; por la belleza de sus escenarios naturales, permanentemente renovados desde la madrugada hasta el atardecer; en fin, por la valiosa y singular contribución que hizo, realiza y sin duda aportará al adelanto integral de nuestro país y a su identidad histórica.
La transformación y el crecimiento del sector agropecuario de nuestro país se pueden dividir en etapas bien diferenciadas.
La primera se extiende desde la fundación de “Nuestra Señora del Buen Aire” (3/II/1536, cuando arribaron 72 caballos y yeguas, de los que sólo restaban 7 machos y 5 hembras cuando su traslado) hasta 1810. Le sigue la que se desenvolvió hasta 1853. Después acontece la espectacular expansión ocurrida entre 1880 y 1940 (con un breve paréntesis negativo consecuencia de la crisis del 29). Luego sufrimos la parálisis fruto del apogeo del estado niñera hasta la manumisión de los prejuicios, que ahora parecen reavivarse. Por fin trataré de revelar lo que nos aguarda.
De momento, es edificante recordar lo que hicieron aquellos robustos y temerarios personajes que caminaron, descubrieron y civilizaron estas inhóspitas y agresivas soledades. Fueron los protagonistas de uno de los capítulos heroicos más sobresalientes de la historia de la Humanidad.
En 1527 Gaboto remonta el Paraná. Al cabo de un mes, (9/VI), en la boca del Carcarañá, asentó el Fuerte de Sancti Spíritus, donde por primera vez aquí se cultivan hortalizas y trigo (1).
Juan de Ayolas también navegó el Paraná hacia el norte (junio de 1536) donde se encontró con el desertor Jerónimo Romero, quien le ponderó la fertilidad del suelo y la bondad del clima. Por eso levanta Corpus Christi (15/VI/1536), cerca de lo que hoy es Coronda. Unas leguas abajo, Mendoza erigió Buena Esperanza en lo que actualmente es Puerto Gaboto (Dep. San Jerónimo).
Dos años mas tarde (15/VIII/1537) Juan de Salazar funda Nuestra Señora de la Asunción.
Por Real Cédula (12/IX/1537), los pobladores quedaron facultados para designar gobernador. Lo eligen a Domingo Martínez de Irala, quien ordenó despoblar y abandonar Buenos Aires, pese a que -según su propio juicio- era “el mejor puerto que hay en este río...”(2) Los sufrimientos que padeció aquella gente fueron atroces. Están descriptos por Ulrich Schmidel en su “Viaje al Rio de la Plata”. El grabado de T. de Bry demuestra que el hambre los arrastró hasta el canibalismo.
Aquellos tiempos homéricos registran proezas como la de doña Mencia de Calderón de Sanabria (la viuda del segundo Adelantado) quien, con cuarenta mujeres, un sacerdote y algunos indios, al cabo de sufrir prisión durante una década y dos naufragios, caminó tres años desde el Chuy hasta Asunción, luego de cruzar Uruguay, Río Grande do Sul, Misiones y las cataratas. Desde Asunción también años más tarde partiría a caballo su nieto Hernando Arias de Saavedra (que sólo tenía 16 años) para arrear 3.000 vacunos rumbo a la futura Santa Fe.
Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que a pie desde Rio de Janeiro llegó a Asunción -luego de caminar durante años las costas de la Florida y del golfo de México-, fue el segundo Adelantado del Rio de la Plata. Con él ingresaron 36 yeguarizos en 1542 (3). Irala le traspasó el mando (11/II/1541).
Poco después (1550) Nuflo de Chaves introdujo las primeras ovejas “churras”.
Juan Ortiz de Zárate fue el tercer Adelantado y con su ascenso arribaron a nuestras tierras, procedentes de sus tierras de Charcas y Tarija, 4.000 vacas, 500 cabras, 4.000 lanares y 300 yeguarizos. Los hermanos Scipión y Vicente Goes, desde Santa Catalina (Brasil), trajeron 7 vaquillonas y 1 toro. Martín Suárez de Toledo, que reemplazó a Felipe de Cáceres en el mando de Asunción, eligió a Juan de Garay para que “abra puertas a la tierra”. Para ello el noble vizcaíno vendió sus bienes y empeñó los de su mujer. Parte de la expedición, que llevaba el ganado, marchó por tierra siguiendo siempre la costa (4) en busca de pastos y “buenas tierras de sembradío.” (5)
Como se sabe, Garay fundó Santa Fe (15/XI/1573)(6).
Martín del Barco Centenera (7) dirá:
“Estaba la ciudad edificada / encima la barranca, sobre el río; / de tapias no muy altas rodeada, / segura de la fuerza del gentío / de mancebos está fortificada / ... que son diestros y bravos en la guerra / los mancebos nacidos en la tierra” .
Ortiz de Zárate murió al año de su ascenso. Debía sucederle quien se casara con Juana, hija suya y de una princesa inca. Por eso asumió Juan Torres de Vera y Aragón, el cuarto Adelantado, quien confió a Garay el repoblamiento de Buenos Aires (que se llevó a cabo el 11/VI/1580, con 66 habitantes). Su entorno fue parcelado con destino a chacras de sembradío y huertas.
Unos días antes, el 1/VI, vísperas de Corpus Cristi, ocurrió en Santa Fe el levantamiento de “Los siete jefes”, al que varios consideran -mi padre, entre otros- el primer antecedente del Año X.
Luego vendrán los repartos de las suertes de estancia, las vaquerías (descriptas por Fray Pedro José de Parras), las nacientes exportaciones de cueros, ovejas y tasajos a Brasil y Cuba autorizadas por Felipe III (Real Cédula del 2/VIII/1602), la implantación de la primera matrícula de matarife (23/III/1609), la multiplicación de las Misiones (particularmente las guaraníticas asentadas por los PP. Jesuitas), la aparición de los saladeros, el contrabando, etc.
La primera marca la concedió el Cabildo de Bs. As. a Francisco Salas Vidella, (19/V/1589).
En 1617 (Real Cédula del 16/XII) Felipe III divide la gobernación en dos: la del Rio de la Plata y la del Guairá (con capitales en Buenos Aires y Asunción) y veintitrés años más tarde (5/X/1617) comienza el traslado de Santa Fe por disposición de Diego de Góngora hacia el rincón de la estancia de Juan Lencinas. El capitán Antonio de Vera Mujica regala tierras al Cabildo santafesino. Al nombre primitivo se le añade el de la Vera Cruz. Al cabo de diez años (1660) la mudanza había concluido, las estancias fueron repobladas, se multiplicaron las ofensivas contra los malones depredadores y se constituyeron numerosas reducciones.
Santa Fe fue declarado “puerto preciso”, lo que contribuyó a acelerar su crecimiento.
Una de las figuras más sobresalientes de esta etapa civilizadora y poblacional fue la de Hernandarias (hijo de Martín Suárez de Toledo y de María de Sanabria, nieto del Gran Mariscal de Castilla, que se distinguió en la guerra de Italia), a quien el Cabildo de Asunción designó Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (13/VII/1592) y reeligió seis veces hasta su muerte (21/XII/1631).
Son célebres sus “Ordenanzas” en defensa del trabajo de los aborígenes. También descolló como ganadero, a juzgar por el Dr. Aranguren (8).
Según Gianello (9), los gobernadores que sobresalieron hasta el año X fueron, además de Juan de Garay, Francisco de Sierra, Alonso de Herrera y Velasco, Francisco Pascual de Echagüe y Andía (elegido el 15/XI/1691), su hijo Francisco Javier de Echagüe y Andía (1773), Francisco Antonio de Vera y Mujica, Melchor de Echagüe y Andía y Prudencio María de Gastañanduy.
Francisco Pascual de Echagüe y Andía obtuvo los mayores y mejores progresos. Fundó tres reducciones (o colonias): San Lorenzo con los mocoretaes, San Miguel de Calchines y San Bartolomé de los Chanaes. Obtuvo el concurso de los PP. Jesuitas a quienes les debemos la llamada civilización misionera-guaraní. En 1743, con la ayuda del P. Francisco Burgnés, organiza la mocoví de San Francisco Javier; con el P. Diego Horbegozo, la abipona de Arroyo del Rey (hoy Reconquista); con el P. Florián Paucke (1765), la mocoví de San Pedro (hoy San Javier); etc. (10). En nuestras tierras las encomiendas fueron escasas. Según Levene, el desarrollo de la ganadería constituyó la fuente del bienestar de entonces y el hecho económico y social que dio origen al Virreinato del Río de la Plata (11).
En la estancia colonial el pastoreo era relativamente nómade y arisco. Los rodeos se paraban en las rinconadas o sea donde se cruzaban dos arroyos.
La apertura de nuestros puertos comenzó con la tímida del primer Virrey del Río de la Plata, don Pedro de Ceballos, seguida por Vértiz, fragmentariamente culminada el 10/IV/1795, mientras aumentaban las ventas de mulas a Chile.
“Con el triunfo de los monopolistas de Cádiz -escribe un contemporáneo- el coloniaje abrió las puertas del infierno a la hacienda vacuna, el purgatorio al caballo y el paraíso a los burros... ¿Para qué fundar estancias y cuidar ganado, si se carecía del estímulo del comercio y máxime que la Pampa estaba llena de Hacienda para los contrabandistas?”
En vísperas de la emancipación se divulga la célebre “Representación de los Hacendados” de Mariano Moreno, que abogó en favor del comercio con Gran Bretaña dispuesto por Cisneros (30/IX/1809). El comercio libre era reclamado por Escalada, Castelli, Belgrano y otros. Gravitan “El Telégrafo Mercantil” de Cabello y Mesa y el “Semanario de Agricultura” de Hipólito Vieytes, según la opinión de Enrique Mario Mayochi en su libro “El periodismo en la Revolución de Mayo”.
Las consecuencias del establecimiento del comercio libre no pudieron ser más provechosas. En poco tiempo el déficit fiscal se transformó en superávit. También mejoró el valor de los cueros, (un millón y medio fue embarcado en menos de seis meses). Además aumentaron las exportaciones de otros productos: cueros curtidos, sebo, grasa, carne salada y lanas, ya consideradas en Europa.
Según Félix de Azara, en su “Memoria sobre el Estado Rural del Río de la Plata”, “estaban las Pampas de Buenos Aires desde esta ciudad al Río Negro... tan llenas de ganado cimarrón, que no cabiendo se extendía hacia las minas de Chile, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. También es público y notorio, que... hasta pasados los años de 1780, había cuanto ganado alzado podían mantener los campos... El espacio ocupado en aquellos tiempos por los ganados, casi todos cimarrones, pasaba de 42.000 leguas cuadradas,... (donde pastaban) 48.000.000 cabezas de ganado”.
Vicente Fidel López, en su “Historia Argentina”, sostiene que “la campaña de Buenos Aires contenía millones de cabezas y yeguas”.
A fines del s. XVIII y principios del siguiente, descuella Francisco Antonio Candioti , el “Príncipe de los gauchos”, cuya personalidad fue descripta por los hermanos Robertson (12). Ellos inventariaron sus bienes. Fue el más rico de su tiempo en el Plata. Poseía 300 leguas cuadradas (o sea, 750.000 has.), 250.000 vacunos, 300.000 caballos y mulas y 500.000 duros en onzas de oro provenientes de sus ventas en el Perú, hacia donde partía sin descansos con sus prolongados arreos pues tenía fama de dormir sobre su montura. “Señor de estancias y haciendas, según Cutolo, logradas con su trabajo personal y constante sacrificio”, ayudó a Belgrano en 1810 cuando su campaña al Paraguay con 12 carretas, peones y 1.300 bovinos. El prócer lo define como un “patricio honradísimo”. Y añade: “me ha ofrecido todos los auxilios que pendan de sus facultades y además merece el concepto y respeto de este vecindario”. Fue el primer gobernador de Santa Fe (2/IV/1815). “El pueblo acogió su designación con un júbilo indescriptible”(l3). Mientras la invadía Viamonte, los indios asolaban Sunchales, Cululú, Cayastá, la costa de Añápiré, ambas del río Salado y los fuertes. Se robaron 70.000 vacunos además de yeguarizos, mulas, ovejas y las sementeras. Estas calamidades fueron una de las consecuencias negativas de la expulsión de los PP. Jesuitas. En 1820, por el Tratado de Benegas, Santa Fe recuperó unas 20.000 cabezas gracias a Rosas.
El irlandés John Harratt (1817) observaba el poco cuidado que aquí le daban a las majadas. “Lana cabruda, cuerpo mal formado y delgado con poca disposición para engordar”. La primera tropa traída del Perú “tiene todas las señales de estar volviendo con toda prisa a un estado silvestre”.
El ingreso del primer plantel lanar de la raza Merino se debe a Thomas Lloyd, quien en 1813 lo ubicó en su estancia “Alto redondo”. Al cabo de pocos años, en 1824, el Gral. Manuel Pintos compró 100 merinos ingleses y poco después John Harratt, Peter Sheridan y Capdevila importaron 30 ovinos de la raza South-Down. El último le cedió su parte a Thomas Whitfield quien, con los anteriores, organizaron la cabaña “Los tres amigos”, más conocida por “Los Galpones”, ubicada en San Vicente a unas tres leguas de “La Caledonia” de John Miller. En 1828 “Los Galpones” aumentó su rodeo con 27 carneros de la cabaña “Alto Redondo” y fue en su tiempo el de mayor importancia. José Mario Rojas, Juan Pedro Aguirre y José Haedo le compraron al cabañero importador 400 cabezas a diez pesos fuertes cada una, que llevaron a una chacra cerca de Quilmes y luego a la estancia de “Salcedo”, cerca de Luján. El primitivo criador se trasladó con una pequeña majada a la estancia “Rincón de la Luna” en Corrientes.
John Hannah, que adquiriera a Santiago Lagosta “La Carmen”, cercó con espinillos e instaló los bretes y bañaderos para combatir la sarna. Fue uno de los primeros en plantar eucaliptos.
David Shennan introdujo las recientes máquinas de esquilar.
En 1825 Felipe Piñeyro importó tres padrillos y una yegua de tiro pesado de la raza Shire.
John Miller (entre 1823 y 1826) ingresó el primer Shorthorn llamado “Tarquin” para su estancia “La Caledonia” cerca de Cañuelas.. Del mencionado reproductor descienden los “Tarquinos”. Su predominio se extendió durante tres décadas hasta que otros estancieros lo imitaron.
En 1847 el gobernador Gral. Dr.Pascual de Echagüe lleva a cabo expediciones punitivas contra los aborígenes y con los Vilelas y Sinipíes acuerda una convivencia pacífica.
Según Roberto T. Alemann, desde 1840 hasta 1878 (primera exportación de trigo realizada a Inglaterra por Carlos Casado del Alisal) y sobre todo con la Constitución del 53/60 -la tercera escrita más antigua del mundo después de la de Estados Unidos de 1787 y de la Confederación Helvética de 1848-, y hasta la culminación de la Campaña del Desierto (1879) nuestra historia económica exhibe sus primeros cambios cualitativos relativamente modestos pese a los importantes movimientos inmigratorios , a la multiplicción de las colonias (en la mayoría organizadas y promovidas por la iniciativa privada, entre las cuales sobresalen las catorce santafesinas), la expansión del ferrocarril (en 1863 se construyó el que une Rosario con Córdoba), el uso del molino de viento, la plantación masiva de eucaliptos, la instalación de los alambrados (el primero fue el de Ricardo Newton), el empleo del arado de asiento, la importación de reproductores, la constitución de la Sociedad Rural Argentina -en 1866, cuando los indios, después de ocupar San Rafael y Rio Cuarto, llegaron hasta las puertas de Rosario, cuando Felipe Varela usurpaba el gobierno de Salta y Mitre perdía 10.000 hombres en Curupaytí- y la fundación de otras Sociedades Rurales promovidas por aquélla, etc. (15)
Desde entonces comienzan a fabricarse las primeras cosechadoras en la Colonia San Carlos y se instalan los primeros molinos a viento. Proliferan los tanques australianos. Se intensifica la entrada de reproductores británicos. Entre el 80 y el 90 ingresaron centenares de toros de pedigrí, sobre todo de la raza Shorthorn. Entre el 80 y 1907 fueron importados 16.150 reproductores. En 1870 la Sociedad Rural Argentina organiza la primera exposición agropecuaria que se lleva a cabo en Córdoba y en 1875 la que se realizó en Buenos Aires en el predio de calle Florida y Paraguay.
En 1870 teníamos 732 km. de vías férreas. Cuatro décadas mas tarde dispusimos de 33.478 km. para transportar 43 millones de tn.
En 1876 arribó el barco “Le Frigorifique” con carne congelada según el procedimiento del Ing. Charles Tellier y seis años más tarde Eugenio Terrasón construía el primer frigorífico de nuestro país sobre el Paraná.
En 1887 el tasajo representaba el 48% del valor de nuestras exportaciones cárnicas, los vacunos en pié el 28% y las carnes congeladas el 28%.
Un año después 57 criadores tenían registrados 1.550 animales de pura sangre. Las hectáreas alfalfadas eran 390.000.
En 1889 la Sociedad Rural Argentina por primera vez exporta a Inglaterra animales en pie, envíos que a partir de entonces y sobre todo desde 1894 se intensifican pues por razones de distancia y de precios competíamos ventajosamente con los animales de Canadá, Estados Unidos y Australia.
En 1893 la Sociedad Rural Argentina crea los registros genealógicos para cada raza y adquiere los que ya existían. Dos años más tarde la superficie alfalfada llegaba a 713.000 hs.
La crisis lanera francesa ocurrida en 1900, sumada a las adversas contingencias climáticas provocaron una declinación del consumo de carne ovina. Paralelamente Inglaterra aprovechó un brote de fiebre aftosa -cuyo origen fue británico- para cerrar el ingreso de nuestros animales en pie. A partir de entonces comienza el protagonismo de los frigoríficos Sansinena, The River Plate y Las Palmas que arriendan la planta del Terrasón -única de capital argentino-, para mantenerla cerrada. La Sociedad Rural Argentina aboga por la construcción de un frigorífico nacional para defender el precio de nuestra hacienda, que se cotizaba a menos del 50% de las producidas en Oceanía (“Anales”, t. XXXVI, 1902). Los frigoríficos norteamericanos introducen el sistema del “chilled beef” o carne enfriada y comienza la primera guerra de las carnes.
En 1895 teníamos 21.700.000 vacunos. Trece años después contabilizábamos 29.117.000 cabezas. La provincia de Buenos Aires disponía del 35% del stock nacional y la mayor mestización. El tasajo sólo representaba el 4% de nuestros excedentes.
Las compras de rollos de alambres registradas desde 1876 hasta 1907 ascendieron a 70.000.000 de pesos oro.
El vertiginoso crecimiento de la siembra de trigo y de maíz fue el resultado del “sistema de mediero” imaginado para incrementar las áreas alfalfadas. Juan L. Tenembaum anota que en la década que corrió desde 1894/5 la superficie sembrada con alfa aumentó un 251%, la de lino 179% y la de trigo 139%.
El tambo comenzó a expandirse a principios de este siglo. En 1898 ya se habían constituidos varias cooperativas en la provincia de Buenos Aires, con unos cientos de tamberos. El tema lo traté “in extenso” en un trabajo que realizara en 1967, titulado “Perspectivas de la industria lechera”, que me premió el Primer Congreso Provincial de Lechería” e hizo publicar la Sociedad Rural de Santa Fe. A dicho libro me remito. La “Asociación Judía de Colonización” contribuyó de manera preeminente al desarrollo de esta actividad.
En la década de los 80 los inmigrantes-arrendatarios no se dejaron seducir por los bajos precios de la tierra y pocos fueron los que se transformaron en propietarios.
En 1900 el producto pro cápita en nuestro país era dos veces superior al de Japón, mayor al de Finlandia y Noruega, casi igual a los de Italia, Austria y Alemania, superior a los de Canadá, Bélgica, Holanda y un poco inferior al de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, según Waisman citado por Harrison (16).
El 25 de junio de 1912 se lleva a cabo el llamado “Grito de Alcorta”, en la localidad del mismo nombre ubicada en el sur santafesino, donde se reunieron chacareros (arrendatarios y aparceros) provenientes de esta provincia y de le de Córdoba para protestar contra las condiciones contractuales estipuladas con los propietarios y disponer la primer huelga que aconteció en el sector. Dos meses más tarde, se constituye la Federación Agraria Argentina, que es la organización gremial que los representa.
En 1914 el Censo Nacional registró 189.271 explotaciones que ocupaban 67,242 millones de hectáreas., o sea, casi toda nuestra superficie aprovechable.
Entre 1900 y 1929 cosechamos los frutos del progreso alcanzado en los transportes y en las comunicaciones y se acentuó la interdependencia entre las naciones sobre la base de la división internacional del trabajo. La expansión de la economía mundial estribaba en subrayados movimientos de capitales, flujos migratorios y una multiplicación del comercio. Nuestro PBI creció a razón de una tasa anual acumulativa del 4,7% y el ingreso per cápita fue del 1,21% anual. La inversión aumentó a razón de un promedio anual del 5,11%, lo que representó el 32,54% del PBI. La balanza comercial se encontraba equilibrada y en expansión El grado de apertura económica era aproximadamente del 24% (relación porcentual entre el promedio de la suma de exportaciones e importaciones y el PBI). El gasto del sector público fue inferior al 5% del producto y el intervencionismo era soportable. En general, el mercado asignaba los recursos. El consumo se desenvolvía a una tasa del 4,58% anual, lo que implicaba un señalado incremento del mercado interno.
Nuestro sector representaba el 28,4% del producto y casi el 100% de nuestras exportaciones. Las inversiones eran significativas, sobre todo en infraestructura. En 1926 exportamos 657.400 toneladas de carnes bovinas y al año siguiente 703.000, según Pablo Kulacs.
La crisis del 29 afectó el crecimiento de las inversiones y el sistema multilateral de pagos y de comercio. Con ella comienza el proteccionismo. No obstante entre 1925-29 exportamos 3.016,900 tn. de carnes bovinas y 400.405 tn. de ovinas.
Según Posse (17), las estadísticas de 1930 nos ubicaban como potencia económica y financiera en el séptimo lugar del mundo. Nos habíamos transformado en un pueblo inesperadamente interesante.
La mayoría de los protagonistas de la actividad agropecuaria, incluidos los grandes estancieros y los principales cabañeros, no procede de la colonia, ni de la gente que tuvo una actuación relevante después de 1810. El conjunto más sobresaliente, como los fundadores de la Sociedad Rural Argentina, vino del exterior sin recursos y a fuerza de sacrificios y talentos prácticos logró acumular patrimonios importantes e indirectamente enriquecer a nuestro país. A título de ejemplo recordaré a Casado del Alisal, Amadeo, Santamarina, Mihanovich, Casey, Estanguet, Stegmann, Temperley, Martínez de Hoz, Alvear, etc., que sobresalen sobre todo a partir del 80.
En 1932 nuestro país cosechó 5.900.000 tn. de trigo sobre un total americano de 39.740.000 tn (o sea, el 14,84%). En el resto del mundo Europa producía 68,1 millones, Asia l5,4, Africa 3,726 y Oceanía 4,808. En lino obtuvimos 2.100.000 tn. sobre un total americano de 20,570 (o sea, el 10,20%). Europa registró 906.500 tn (el 43,36% menos que el nuestro). Asia logró 391.200 tn. ( -82%), Africa 21.350 y Oceanía 3.167 tn. Nada. Y en maíz totalizamos 6.915.000 tn. sobre 85,295 tn. de toda América (o sea, el 8,10%). Europa 20,228 millones, Asia 7,543, Africa 5,203 y Oceanía 216.900 tn.
A partir de la crisis y como consecuencia del creciente intervencionismo estatal empezaron a desvincularse los precios relativos de importación y exportación domésticos de los externos, lo cual supuso transferencias cada vez más acentuadas del sector primario a los restantes; es decir, del segmento más eficiente a los menos competitivos. Para mantener la capacidad adquisitiva de los salarios era menester abaratar los alimentos, lo que produjo una significativa descapitalización del campo y un marginamiento cada vez mayor de los adelantos tecnológicos registrados en el primer mundo (sobre todo en maquinarias y equipos, fertilizantes, ingeniería genética, riego, agroquímicos, etc.) .
A raíz de los convenios de Ottawa (que conocimos en octubre de 1932) Inglaterra se aleja del librecambismo. Acuerda con sus Dominios particulares preferencias (a través de aranceles y cuotas, que no alcanzaron a nuestras carnes enfriadas por razones de distancia y tiempo). El sistema empezó a regir desde el 1 de enero del 33. Las restricciones mayores afectaron a las carnes congeladas. Con tal motivo el gobierno de Justo envió una misión a Londres que formalizó el llamado pacto Roca-Runciman (1/V/33), sobre la base del tratado de amistad, comercio y navegación celebrado el 2/II/1825 (gracias a la misión del Gral Alvear). Inglaterra se comprometió a no reducir las importaciones de carnes vacunas enfriadas en más de un 10% a menos que las procedentes de la comunidad británica también se apocaran. Se estableció una progresiva eliminación de los derechos arancelarios. El 85% del cupo quedó en manos de los frigoríficos y el l5% en las del gobierno o de los ganaderos (como los frigoríficos Gualaguaychú y Grondona), que dejaba un espacio para el próximo futuro de la CAP (18). Recordemos que el Reino Unido era el principal adquirente de nuestras ventas externas. El pacto argentino-británico, a pesar de sus defectos, salvó a la ganadería nacional. Fue técnicamente reemplazado en 1936 por el convenio Malbrán-Eden, que de acuerdo con el juicio de Daniel Drosdoff, mantuvo la mayoría de las cláusulas del pacto de 1933. Resultó sucesivamente prorrogado hasta 1948 (fecha en que se suscribe el pacto Los Andes) y la política del bilateralismo que aquellos acuerdos reforzaron se prolongó hasta 1955, pese a las críticas de Scalabrini Ortiz, Rodolfo Puiggrós y los Irazusta.
La crisis del 30 generó una serie de mutaciones radicales que oscilaron desde la escala de los valores aceptados por las sociedades civilizadas hasta las concepciones políticas y económicas. En el sector agropecuario influyó con singular severidad, particularmente en los precios de sus principales productos - que descendieron casi a la mitad - y en sus correlativos endeudamientos.
En 1934/35 los precios granarios mejoraron como consecuencia del estiaje que perjudicó las cosechas norteamericanas y canadienses. Nuestras exportaciones de trigo ocuparon el primer lugar del mundo.
Entre 1930 y 1960 predominan las concepciones keynesianas. Se forman bloques, se multiplican los acuerdos bilaterales, se abandona el patrón oro, se devalúan las monedas, comienza el control de cambios, se elevan y discriminan las tarifas aduaneras, se establecen cuotas de importación. Nosotros empezamos a querer sustituir las importaciones industriales y pretendimos crecer hacia adentro. Se funda el Banco Central (ley 12.155) y el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias (ley 12.157). Se nacionalizan los depósitos, los servicios públicos (ferrocarriles, teléfonos, gas, flota fluvial, usinas eléctricas, etc.). El Estado avanzó cada vez más sobre la actividad privada y de manera arbitraria asignó recursos con el control de precios relativos. Se multiplican las Juntas reguladoras de carnes, granos, algodón, azúcar, lana, leche, vinos, yerba, etc. Luego se constituye el tristemente célebre IAPI, que estatiza el comercio exterior, monopoliza toda el tráfico granario y permite la generación de enormes e ilícitas ganancias personales en desmedro de los productores. Se crea la CGE, que goza de las prebendas del régimen partidario gobernante.
En 1947 entra en vigencia el Primer Plan Quinquenal. “En él resulta claro que los sectores productores y comercializadores soportan el mayor peso del cambio que se opera desde entonces en la economía argentina”. Se advierte un creciente proceso de desinversión y de pérdida de fertilidad.
Los campos se fraccionan cada vez más. En 1944 se suscribieron los acuerdos de Bretton Woods, que dieron origen al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional para la Reconstrucción y Fomento, hoy llamado Banco Mundial. Dos años después, en Ginebra, se formaliza el Acuerdo General sobre Aranceles y Fomento (GATT) para retornar a la multilateralidad, a la no-discriminación, a la rebaja de aranceles, a la eliminación de barreras; en fin, a la liberación del comercio internacional.
Entre el 50 y el 60 las exportaciones mundiales en dólares constantes aumentaron diez veces mientras que las nuestras se estancaron y relativa y proporcionalmente retrocedieron.
En 1939 y sobre todo a partir de la revolución del 43 el campo subsidió a la aventura industrial y el proceso de sustitución de importaciones. También soportó la inflación de pos demás sectores. Una ley de emergencia - que rigió durante 25 años - redujo el importe de los arrendamientos, suspendió los desalojos y prorrogó sus plazos. En 1945 la superficie sembrada (26.186.000 hs.) se redujo en más de un 10%.
Al cabo de la segunda guerra nuestro país se divorció de las modernas tendencias económicas. Eligió ensimismarse, enajenarse. La tasa de avance, el movimiento poblacional y el ingreso per cápita resultaron inferiores al período anterior. Lo mismo ocurrió con la inversión bruta y el PBI. El consumo declinó a una tasa negativa del 3,3% anual. El gasto público se eleva al 15% del producto y el déficit fiscal gravitó sobre el comportamiento inflacionario de los precios.
Según el Censo de 1947 nuestro país disponía de 4l,268 millones de bovinos, 51,172 de lanares, 7,2 millones de equinos y casi 3 de porcinos, que divididos por el número de nuestros habitantes todavía arrojaba uno de los porcentajes individuales más altos del mundo.
En 1949 el Banco de la Nación Argentina comienza el otorgamiento de créditos al I.A.P.I (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) para la compra de automotores y herramientas agrícolas (Circ. 905 B) y de inmuebles rurales (Circ. 938) para arrendatarios. Entre 1946 y 1951 concede préstamos de “fomento” mientras que por el otro lado el gobierno le substrajo al sector un porcentaje desmesurado de sus ingresos mediante el manipuleo de los tipos de cambio, los impuestos a las exportaciones y el manejo del comercio exterior (19).
En 1950 nuestro país todavía conservaba su ventaja frente al Japón y estaba más o menos cerca de Italia, Austria y Alemania. Pero nuestro ingreso per capita era apenas un tercio del de Estados Unidos y la mitad de Suiza, Canadá, Australia y Gran Bretaña. Y comparativamente continuamos en baja pues en 1987 nuestra entrada por persona sólo fue un tercio del ingreso promedio de los países desarrollados y una cuarta parte del yanqui.
En el 55 habíamos agotado nuestras reservas, dilapidado nuestras acreencias acumuladas durante la guerra, malversado el ahorro, estancado la expansión del sector. Mucha gente dejó el campo para hacinarse promiscuamente en las nacientes y sórdidas villas marginales. El dominio inmobiliario rural cambió de manos. Muchas cabañas desaparecieron. El productor tradicional fue relegado por afortunados comerciantes o noveles industriales. El tamaño de las explotaciones se distancia paulatinamente de la renovada maquinaria agrícola. Los nuevos factores alteraron la vieja ecuación productiva. El llamado Plan Ibarbia (Decretos 2187 y 2188 del 57) y la ley Raggio (17.253) terminaron con el régimen de emergencia y con las prórrogas de los arrendamientos. Quedaron atrás miles de propietarios despojados por razones de apariencia social pero sobre todo por mezquinos resentimientos. Exportamos fertilidad y avanzó la lepra telúrica, la desertificación.
En aquellos años nuestras exportaciones de carnes a Gran Bretaña descendían mientras que en proporción inversa crecían nuestras ventas a la Comunidad Económica Europea. En 1969/70 desde Europa envié varias notas que publicaron “La Nación” y “El Litoral” sobre la conveniencia de insertarnos en aquel promisorio mercado. Nuestra balanza comercial nos era manifiestamente favorable con Europa mientras lo contrario ocurría con USA. Poco después las circunstancias empezaron a cambiar mientras continuaba mi prédica en el desierto. El Mercado Común comenzó con sus trabas aduaneras a entorpecer el ingreso de nuestros productos (prelievos y recargos arancelarios). Reynal O’Connor, entonces presidente de la Junta Nacional de Carnes, realizó exitosas gestiones en Italia y en España para obviar los escollos aduaneros.
Según FIEL (“Indicadores”, Nº 381 de agosto 1998, p. 3), “La Argentina de los 70 y los 80 se caracterizó por un enorme desorden monetario y fiscal”
A fines del 83 nuestro sistema económico estaba exhausto y se encontraba hundido en sí mismo y distanciado de los mercados externos, con cambios diferenciales y castigos a nuestras exportaciones, con cuyas rapiñas se sufragaban el gasto público y el consumo interno. El intervencionismo estatal, las regulaciones, los controles de precios, la presión tributaria progresiva, la inflación, el descontrolado emisionismo monetario, el déficit fiscal y cuasi-fiscal y la carencia de crédito interno y externo primero nos empobrecieron y luego nos asfixiaron. El único mercado que funcionaba era el “morocho” propio de la eufemísticamente llamada economía “informal”. Durante el quinquenio 1983/1988 el PBI per cápita disminuyó un 2,71%. En el 84 la inflación fue de 625,7% anual (medida por el comportamiento de los precios mayoristas -IPM-) y en junio del 85 llegó al 42,3% mensual. El tipo de cambio que recibimos por las ventas externas de nuestros principales excedentes (trigo, maíz, soja, pellets y aceite de soja, aceite de girasol, carnes, lana sucia y lavada) menguó nuestros ingresos. Las transferencias de nuestro sector a terceros fueron de 24.400 millones de australes por año (19.600 para el erario público y 4.800 para subsidiar al mercado interno). La rapacidad total del quinquenio fue equivalente a 2,1 cosechas de maíz, 1,7 de trigo, 5,5 millones de novillos (o sea, el 46% de la faena total) o 2 años y 7 meses de la producción de leche. Dichos escamoteos afectaron gravemente al campo porque dicho sector es tomador de precios -que no puede fijarlos- y porque le alteraron su relación insumo-producto.
“A mediados de 1989, sostiene Roberto T. Alemann, la Argentina no tenía destino. Su déficit público era alucinante, la emisión monetaria desbordaba, la indexación transmitía al minuto los impulsos inflacionarios, la economía se cerraba sobre si misma, la fuga de los ahorros al exterior gracias a los arbolitos implantados en cada barrio y en cada pueblo y al efecto del doble tipo de cambio alcanzaba ribetes alucinantes, las inversiones decaían, la infraestructura ni se mantenía y menos se ampliaba, la deuda pública interna y externa no se pagaba, el país carecía de crédito en el exterior y el crédito bancario nacional lo absorbían el gobierno y sus insaciables empresas públicas, donde anidaba una corrupción cuyo tamaño sólo se descubrió tras sus privatizaciones. La Argentina era, en suma, un país inviable según todos los indicadores”. El fatal estatismo - como lo calificara Pinedo - generó industrias artificiales, empleos artificiales, dinero artificial (20). Durante el gobierno de Alfonsin-Sourrouillle la inflación alcanzó el máximo histórico registrado en la Argentina para llegar al 3.194,6%. En 1969, durante la administración Onganía-Krieger Vasena fue de 7,6%. En 1994 se redujo al 3,5%, inferior a la de los EE.UU.
La crisis cambiaria, bursátil y financiera de los países asiáticos, si bien indujo cambios en el comportamiento de los agregados monetarios y tasas de interés, demostró los beneficios del fortalecimiento de nuestro sistema crediticio a partir de la experiencia “tequila”. En 1997 la inversión creció el 27% y la monetización otro tanto (27,7%) con $ 82.353 millones (un 50% superior a 1995. Según FIEL, la economía argentina se encontraba en buenas condiciones para soportar la crisis. Con el sistema financiero estable y los números fiscales débiles, estábamos en mejores condiciones que otros países emergentes. La ley de Convertibilidad, con su rigidez, había impuesto una regla ordenada. La consistencia facilitó el desarrollo de mercados de capitales y financieros que funcionaron mejor que en el pasado.
En el sector agropecuario se observa desde 1991 un profundo cambio debido a la modificación de los precios relativos, como lo admitió Crotto en las Sextas Jornadas de ABRA (21). Como consecuencia del enfrentamiento comercial entre USA y la Unión Europea los precios de los “commodities” fueron bajos en términos históricos. El cambio tecnológico y la capacitación gerencial contribuyeron a sortear estos obstáculos. Se encuentra pendiente un financiamiento adecuado, todavía inaccesible para los productores. Sin duda este es el lado negativo de la coyuntura. Se estima que el endeudamiento del sector ronda los 6.000 millones de pesos (o sea, un 30% del valor de su producto, que se calcula en 20 mil millones y el 14,5% del valor de la tierra. Los intereses devengados oscilarían alrededor del 9% de la producción. No obstante el problema es solucionable en la medida que se mantenga la tendencia a la baja de los intereses y se reduzca el “spread” entre las tasas pasivas y activas. Para mejorar la actual situación habría que emplear más los mercados de futuro a fin de aminorar los riesgos generados por la modificación de los precios. Los bancos deberán ajustarse a nuestro tiempo.
Desde 1991 hasta 1997 el área sembrada con granos creció un 30% (26 millones de hs.), la producción agrícola aumentó desde 39,2 hasta 66,3 millones de tn., la producción de leche ascendió desde 6.400 hasta 9.165 millones de litros, la de yerba mate se incrementó en un 258% (desde 12.022 hasta 43.000 tn.), la de frutas registró una diferencia positiva del 21%, la de hortalizas + 45%, la de carne de aves un + 116%, la de carne porcina un + 3%. También en el rubro inversiones-ventas se verificaron abultados acrecimientos: en tractores 118%, en cosechadoras 98%, en equipos de riego 293%, en fertilizantes 530%, en herbicidas 231%, en insecticidas 175% y en fungicidas 116%.
En 1998, según FIEL, la producción ganadera evolucionó hacia una etapa de retención, después de soportar su desplazamiento por la agricultura. Las existencias ganaderas al 30/VI/97 rondaban los 50 millones de cabezas (3,2 millones menos que en 1994). El precio promedio de exportación fue rentable (U$S. 1.950 por tn.). A partir de 1996 (año que exportamos 470 mil tn.) el valor se encogió entre un 5 y un 10%.
El área sembrada 97/98 fue ligeramente menor a la del período precedente, que estableció una verdadera proeza de laboreo. Las oleaginosas en general y la soja en particular fueron muy sensibles a los cambios de los precios relativos. Por su parte, los rendimientos unitarios fueron excelentes y superaron las marcas históricas. Las exportaciones del complejo agrícola-aceitero - pese a la caída de los precios internacionales - fueron muy buenas y se calculan en U$S. 8.600 millones.
Las perspectivas halagüeñas que advierto en el mediano y largo plazo estriban en que
1) La aftosa fue erradicada. Hace meses que no se registra ningún foco en todo nuestro territorio. Por otra parte los criterios sanitarios, aún en las administraciones más exigentes, tienden a liberalizarse. Por eso obtuvimos la aprobación de Washington, que nos adjudicó una cuota anual de 20.000 ton. de carnes frescas. Es probable que al mercado de USA le sigan las demandas canadienses y las mexicanas. Las avenencias sanitarias de la Ronda Uruguay del GATT mejoraron nuestras condiciones vendedoras. El Acuerdo determinó que la Oficina Internacional de Epizootias aceptara la validez del status ‘Zona libre de Fiebre Aftosa con vacunación’ en reemplazo del criterio anterior de ‘país libre’, con lo que la Argentina dio un importante paso para ganar nuevos mercados para sus carnes (22). A partir de entonces se nos abrieron las puertas de muchos mercados, con poca tierra y con población y capacidad adquisitiva crecientes. Exportamos a Chile y a la Unión Europea. La firma de tratados con países del Este Asiático se añade a lo expresado anteriormente.
Nuestro país recibió doce visitas de representantes de gobiernos extranjeros para examinar el estado sanitario de nuestros rodeos bovinos, con asientos promisorios.
“Los resultados de este esfuerzo internacional, sin embargo sólo se reflejarán parcialmente en el corto plazo debido no sólo a los determinantes de la oferta interna ya mencionados (aumento del precio del novillo, etc.) sino también a factores de demanda” (23), de requerimientos menguados.
2) El Mercosur, que comenzó a regir el 1 de enero de 1995, constituye el 25% del escenario económico del planeta y por eso ya es considerado el cuarto mercado potencial. En 1994 le vendimos a Brasil por 3.654 millones de dólares, lo que representaba el 23% de nuestros excedentes y a la Unión Europea el 24,6%. En 1996 le exportamos a nuestros socios por 6.605,1 millones de U$S, suma que representa el 28% de nuestras ventas externas (y a la Unión Europea el 19%).
En el norte de nuestro país, según Iriarte, las exportaciones de animales en pie al Brasil y a Paraguay levantaron sus precios e impulsaron a los frigoríficos exportadores a desplazarse hacia el sur, donde compiten con otras plantas que, a su vez, se ven obligadas a realizar sus compras en otras zonas. “Este efecto ‘dominó’ se siente hasta el centro-sur de Santa Fe” (24). En 1997 exportamos al Brasil 30.000 tn. de carne vacuna.
3) La Rueda Uruguay del Gatt, donde se lograron tres innovaciones satisfactorias: el acuerdo sanitario multilateral que flexibiliza las normas imperantes en los países compradores (en particular el embargo norteamericano dispuesto en 1927), una mejoría en la política importadora y un incremento del tonelaje de carnes frescas deshuesadas (equivalentes a 30.000 medidas en peso de res) que USA nos asignó con el Uruguay, con un arancel del 4%, con la probabilidad de acceder a las 64.000 de “otros países” y a la reducción de las cuotas asignadas a Australia y Nueva Zelanda en la hipótesis de que no fuesen satisfechas (25). El Secretario de Agricultura de EE.UU., Dan Glickman, en la última reunión de la OPIC en Denver, empleó un tono aperturista y prometió gestionar ante los demás países la reducción de sus trabas paraarancelarias. El embajador neocelandés, durante el mismo Congreso, informó acerca de la eliminación total de los subsidios, que favoreció la competencia, la inversión y la productividad del sector.
Alieto A. Guadagni (26) afirma que “no habrá recursos para subsidiar a pocos y declinantes agricultores cuyo poder político será superado por los cada vez mayores contingentes de ancianos... El nuevo escenario internacional agropecuario se caracterizará por los mercados dinámicos y la menor oferta de los PI (países industrializados) debidos a la reducción de sus subsidios”.
4) La nueva política agropecuaria de la Unión Europea y los cambios acontecidos en ella. A partir de 1992 los ministros de la Unión Europea acordaron reformar la Política Agraria de la Comunidad (PAC) con tres objetivos fundamentales: a) promover la forestación pues el promedio de pérdidas de los bosques es del 17,7% (en España llega al 20%); b) anticipar las jubilaciones de agricultores y ganaderos; y c) fomentar solamente los cultivos más conservacionistas del medio ambiente. El área sembrada aminoró, se liquidaron las reservas de lácteos y de carnes, disminuyó la oferta de productos primarios y los excedentes europeos dejaron de competir con los nuestros. La cuota Hilton (los cinco mejores cortes de los cuartos traseros -rump and loin- bovinos), libre de prelievos, fue ampliada. Ignacio Iriarte sostiene que con novillos de 400-420 kg. de buena conformación pueden obtenerse los cortes Hilton con el peso mínimo exigido. Y añade que “si en el futuro crecen las exportaciones, es previsible que la industria deba faenar novillos más livianos para (poder) cumplir”. Muchos mercados, particularmente el alemán, demandan cortes de mayor tamaño, que sólo se obtienen de razas continentales o británicas pesadas (27). Franz Fisher, Comisionado agrícola de la Unión Europea, moderó su anterior criterio proteccionista. El Ministro de Agricultura de Canadá anunció que su país eliminará los subsidios a las exportaciones de granos y aceites y los correspondientes a la Western Transportation Act. Lo que importa tener en cuenta es que la U.E. prácticamente ya dejó de ser un oferente de carne subsidiada en el mercado internacional.
Hace pocos años el director de la Banca d’Italia, Carlo Azeglio Ciampi, había advertido que si su país no practicaba drásticos recortes a su presupuesto fiscal le sería imposible alcanzar el standard mínimo para la unión monetaria europea concertada en Maastricht. (En esos momentos el déficit presupuestario italiano era casi el 10% de su PBI y su deuda pública equivalía a un año de sus ingresos. (Cfr. “La Nación”, Bs.As., 5/VI/92, Iglesias, Graciela, “CEE: Aquí no pasó nada”).
5) La demanda japonesa. Según los estudios realizados por la Fundación Okita (28), el consumo de carne bovina en el Japón crecerá en el próximo quinquenio a casi el doble, demanda que representa un adicional de 720.000 tn. Jiro Shiwaku, presidente de la LIPC, reconoció en Denver que ellos importarán mayores volúmenes y en privado le confesó a nuestro Arturo Llavallol que estaba en contra de los proteccionismos. En la actualidad Japón ya es el mayor importador de carnes vacunas en valor y el principal en todas las carnes
6) El Sudeste asiático y China. Como Los mercados del Pacífico son en la actualidad más importantes que los del Atlántico. Indonesia, Filipinas, Tailandia, Malasia, Singapur, Corea, Taiwan, Japón y China representan el 30% del PBI y el 31% de la población mundiales. Venden por 950.000 millones de dólares y compran por 870.000. Sólo Taiwan exportó en 1994 por 98.000 millones de U$S.
Por otra parte la demanda china de trigo aumentará paulatinamente por el crecimiento de su población aunque la tasa media de natalidad haya disminuido. Se estima que su población sobrepasa holgadamente los 1.200 millones de habitantes (el 21% del mundo), a lo cual hay que sumar el crecimiento económico que se refleja en el incremento de los ingresos per capita. El aumento de su PBI subió del 3,8% de 1990 al 13,7% de 1993. Hay que añadir las mudanzas de los hábitos alimentarios: acreció el consumo de aceites vegetales y grasas de 8,2 kg. en 1991 a 10,5 kg en 1995.
Hace 28 años se fundó la hasta ahora poca conocida Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que integran Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei y Vietnam, que fue la última en incorporarse. Entre todos reúnen 420.000.000 de habitantes y resolvieron fijar un área de libre comercio, que regirá al cabo de una reducción de sus tarifas.
“En Denver, EE.UU., sostiene Alberto de las Carreras (29), quedó de relieve que Asia es hoy la región más importante como demandante y quienes quieran competir en el mundo deberán hacerlo con un producto cada vez más cuidado en los aspectos sanitarios y de marketing”.
Para nuestro país ya se abrieron Filipinas, Malasia, Tailandia, Hong Kong y Singapur y hay negociaciones con Corea, Taiwan y Japón. Se estima que en el decenio próximo habrá un consumo que elevará la demanda de importación a poco menos de 2 millones de toneladas del producto si se incluye a China y a sólo de 1,2 millón si a ésta se la deja de lado. Nuestro país podría participar con un 15 a un 20% de dicho abastecimiento, lo que importaría una adición exportable de unas 200.000 tn. anuales. Al referido volumen hay que añadir los mejores precios que se obtienen por los cortes frescos de calidad (Cfr. “La Nación”, Bs. As. 7 de enero de 1966, Secc. 2, p. 10) 7) La evolución de la demanda y de la oferta mundiales. La futura producción y distribución de alimentos es uno de las mayores interrogantes que deberá develar el mundo. Se aprecia que en los próximos cincuenta años la población crecerá más que los alimentos y las fibras necesarias para mantenerse y vestirse. Esto supone un aumento de los volúmenes sin mengua de la fertilidad edáfica. En los últimos diez años la población registra un crecimiento mayor que la producción agropecuaria. La “revolución verde” (o sea, el uso de variedades mejoradas de elevado rendimiento, de fertilizantes y agroquímicos) degradó los suelos y no mejoró los costos. El exceso de cultivos redujo nutrientes y materia orgánica y contaminó las napas freáticas mientras que los abonos nitrogenados también deterioran la atmósfera. Los problemas se complican con el empleo de maquinaria cada vez más pesada que compacta la tierra, reduce su filtración, acentúa los efectos de las inundaciones y prolonga las sequías. La reducción de las labranzas importa el incremento de la materia orgánica y la permeabilidad del suelo. Se impone la llamada agroecología según el criterio de Solbring (30), profesor de Biología de la Universidad de Harvard, que trata de eliminar o por lo menos disminuir el uso de insumos químicos y propone cultivos mixtos en franjas. Estas circunstancias mundiales nos favorecerán frente a nuestros competidores. En igual sentido se manifestó el Comisionado Europeo Franz Fischler respecto del uso de los anabólicos tóxicos.
Conforme con un reciente informe de Naciones Unidas, la población del planeta se duplicará en las próximas cinco décadas. Preocupa el ritmo del crecimiento demográfico en el hemisferio sur. Si los cálculos fueran acertados los recursos disponibles no alcanzarían para alimentar y vestir a mucha gente.
“A la hora de hablar de carne no hay discusión posible: (Vierheller afirma que) tenemos la mejor carne del mundo”. Por eso Ezequiel Martínez Estrada opinaba que a la vaca “deberíamos adorarla como los hindúes o los egipcios, pues de ella dimanan nuestros bienes y nuestros males”.
Además debemos computar que el precio de los commodities no energéticos subió un 3,3% en 1994 y se estima que continuará dicha tendencia.
En nuestros días los productos oleosos engendran más divisas que las carnes, los cereales, los combustibles o cualquier otro excedente. Un solo producto oleaginoso - la harina de soja - representa un 7% del total de nuestras exportaciones. Por eso se aseguró que la harina de soja es el ‘producto’ mientras que el aceite es el ‘subproducto’. Las perspectivas no pueden ser mejores. El mercado mundial seguirá creciendo y también lo hará la producción argentina.
Cabe recordar que nuestro país es líder mundial en exportaciones de soja y girasol, cuyas ventas externas alcanzan al 95% de la producción. Los aceites se venden a 66 países (predominantemente a Africa, Asia y, en los últimos tiempos, al sudeste asiático). Las harinas proteicas se venden en 34 países (principalmente europeos) . El mercado mundial de oleaginosas se expande a razón de un 3% anual. Es importante recalcar que las oleaginosas argentinas compiten sin proteccionismo de ninguna índole contra las de otros países cuyas industrias se encuentran privilegiadas. “El mercado mundial crecerá de manera sostenida.” (Cfr. “La Nación”, Bs. As., 6/En./96, Secc. 5ta., p. 68).
Por otra parte es oportuno tener en cuenta que, de acuerdo con las proyecciones disponibles y por las cada vez más rígidas exigencias ecológicas, nuestros excedentes agropecuarios ocuparán los espacios vacíos que sólo Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y eventualmente Estados Unidos podrán abastecer. Los llamados productos “verdes” u “orgánicos” incontaminados tienen seguras perspectivas. Hemos vuelto a Israel, Perú y Hon-kong.
Nuestro futuro es promisorio. Las recientes menguas registradas en el valor de los granos y el aumento de la carne favorecen el engorde a corral. La demanda externa elevará los precios frente a una oferta poco elástica y estacional. Si logramos sortear la coyuntura estimo que el mercado nos devolverá mañana lo que nos quitaron los responsables de una Argentina autista y encapsulada, los teóricos keynesianos, los cepalistas, los resentidos de siempre, los entenados del estado nodriza, los populistas y los demagogos, los alienados que en definitiva nos divorciaron del mundo al cual ingresamos del golpe en 1880 - al dejar la “gran aldea”, colgar el chiripá, vestirnos de frac y descubrir a los “impresionistas” cuando París los ignoraba -.
Alguien sostuvo que la esperanza es lo que muchos anhelan y algunos consiguen. No concuerdo con Montaigne en que la suerte de unos cause el perjuicio de otros. Es un aserto envejecido y mercantilista. Coincido una vez más con Chesterton en que el optimismo consiste en estimar que todo mejora menos el pesimismo.
Confiemos en la aurora, que nos aguarda para alumbrarnos a la vuelta de la esquina.


Notas

(1) Gianello, Leoncio, “Historia de Santa Fe”, Plus Ultra, 3ra. ed., Bs.As.. 1978, p. 31; Gandía, Enrique de, “Expedición de Sebastián Gaboto” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia dirigida por Ricardo Levene, t. III, pp. 428/9; Zapata Gollán, Agustín, “La Fauna y la Flora de Santa Fe”, pp. 12/3, Declaraciones de Junco, Nuremberg y Gaboto ante la casa de contratación de Sevilla. Busaniche, José Luis, “Historia Argentina”, de. Solar/Hachette, Bs. As. 1979, p. 48; Vedia y Mitre, Mariano de, “Don Pedro de Mendoza, Fundador de Buenos Aires”, ed. Estrada, Banco de Italia y Ríos de la Plata, Bs. As.,1980 (cita a Ulrico Schmidl, “Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil”.
(2) Lafuente Machain, Ricardo, “La Asunción de Antaño”, Bs.As., 1943, p.9; Punzi, Orlando Mario, “Las entradas al Gran Chaco” en “Todo es Historia”, Nº 335, junio 1995, pp. 66 y ss.; Gandía, Enrique de, “Descubrimiento del Río de la Plata, del Paraguay y del estrecho de Magallanes” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia, t. II, 2da. parte, Bs.As., 1955; Schmidel, Ulderico, “Viaje al Rio de la Plata y Paraguay” en Colección Pedro de Angelis, t. VI, Bs.As., 1960. García Viscaíno, José, en “La multiplicación del ganado en el Plata”, diario “La Nación”, 12 de septiembre de 1970, Secc. 2ª, p. 2, sostiene que el sufrimiento modeló el carácter de los conquistadores que supieron de la intensidad de sacrificios que exigía la conquista, y ese carácter rudo y viril lo heredaron los sucesores de la sangre de Solis y Garay, Magallanes y Diego de Mendoza, Medrano, Guzmán, Benavídez y tantos otros”.
(3) En las capitulaciones se le ordena que no permita el ingreso a su jurisdicción de letrados ni procuradores para que no haya pleitos ni conflictos y autoriza a los pobladores para que elijan alcaldes ordinarios (Gianello, L. op. cit.,p.50).
(4) Gianello, L., op. cit., p. 5.
(5) Busaniche, Julio, “Apuntes sobre la fundación y desarrollo de la ciudad de Santa Fe”, ‘, 1929, pp. 18/9.
(6) Cervera, Manuel M., “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe”, Sta. Fe, 1907, t. I, p. 134.
(7) Barco Centenera, Martín del, “La Argentina”, Canto VIII.
(8) Casó con Jerónima de Contreras, hija de Juan de Garay. Cfr. Coni, Emilio, “Agricultura, comercio e industrias coloniales”, Buenos Aires, 1941, p. 19. Según el P. Lozano, Hernandarias -ayudado por sus hijas- acarreaba tierra para la construcción del templo de los Jesuitas que “estimaba más ser peón de este que haber sido cuatro veces gobernador”.
(9) Gianello, L., op. cit., pp. 96/103).
(10) El P. Roque González de Santa Cruz, que murió mártir en 1628, estableció las reducciones de Itapuá, Concepción, San Nicolás, San Javier, Yapeyú y Todos los Santos de Coaró. Cfr. Gracía, Juan Agustín, “La ciudad indiana”.
(11) Levene, Ricardo, “Riqueza industrial y comercio durante el Virreinato” en “Historia de la Nación Argentina” de la Academia Nacional de la Historia, T. IV, p. 261.
(12) Robertson, John Parish, “Cartas de Sudamérica” (1815-1817), Bs. As., 1946. Inchauspe, Pedro, “Pilchas gauchas”. Santillán, Diego Abad de, “Gran Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe”, de, Ediar, Bs. As. 1967, t. I.
(13) Busaniche, José Luis, “Historia Argentina”, Solar-Hachette, Bs.As., 1965,p.353; Cutolo, Vicente Osvaldo, “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930)”, de. Elche, Bs.As., 1969, t. II, p. 95; Barreto, Félix G., “Patriotas Santafesinos”, Sta. Fe, 1927, pp. 33/36; Cervera, Manuel M., “Don Francisco Antonio Candioti” en “Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos”, Santa Fe, 1942, t. VII; Candioti, Luis Alberto, “Francisco Antonio Candioti” en ídem, 1965, t. XXXIII, pp. 63/72; Busaniche, José Carmelo, “Hombres y hechos de Santa Fe”, Sta. Fe, 1955, pp. 24, 31, 88 y 94; Avilés, Víctor D. “Gobernantes de Santa Fe desde 1810 hasta 1960”, Rosario, 1960, pp. 40/41.
(14) Las primera colonias se constituyeron antes de 1853. En julio de 1825 Barber Beaumont instala una en San Pedro (Pcia. de Buenos Aires). Cerca de Paraná estaba la llamada “Las Conchas” obra del coronel español Manuel Clemente. Aaron Castellanos convino con nuestro gobernador Domingo Crespo traer 1.000 familias suizas (13 de junio de 1853). En 1855 Augusto Brougnes organizó la colonia San Juan, sobre el puerto de Santa Ana, próxima a Corrientes. Sobre el tema existe una abundante bibliografía. Sólo citaré a Miguel Angel Cárcano, “Evolución histórica del régimen de la tierra pública 1810-1916”, Bs.As. 1917; Juan M. Galli Pujato, “El problema de la tierra y la colonización nacional”, Santa Fe, 1950; Julio Saguier, “Colonización interior”, en Diccionario OMEBA, t. III; Schopflocher, Robert ,“Historia de la colonización agrícola en la Argentina”, Bs.As. Raigal, 1955; Domínguez, C y Villalobos, J., “Colonización integral en tierra de propiedad común y concesión vitalicia individual”, Bs.As., El Ateneo, 1953
(15) Zemborain, Saturnino, “La verdad sobre la propiedad de la tierra en la Argentina”, ed. del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, Bs. As. 1973. En 1845 Ricardo B. Newton instala el primer alambrado en su establecimiento “Santa María”de Chascomús. En 1876 se importaron 5.000 tn. de rollos de alambres.
(16) Harrison, Laurence, “El subdesarrollo está en la mente: el caso Argentino” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas por ABRA (Bs.As. 5 de julio de 1995); Giberti, Horacio C.E., “El desarrollo agrario argentino” (Estudio de la región pampeana), de. EUDEBA, Bs.As. 1964, pp.57 y ss.
(17) Posse, Abel, “La pasión según Eva”, de. Emecé, Bs.As. 1994, p. 106; Kulacs, Pablo, “Los terratenientes”, Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1971, p.93, quien afirma: “C.A.P. fue la consecuencia de una larga lucha de los ganaderos argentinos (de la Sociedad Rural) contra las prácticas monopolísticas de la industria frigorífica, dominada por empresas de capital extranjero” . Tenembaum, Juan L., “Orientación económica de la agricultura argentina”, Bs.As., 1946 pp. 51/2.
(18) Roca, Eduardo, “Julio Argentino Roca (h)”, CARI, “Los Diplomáticos”, 2da. ed. Jockey Club, Bs.As.1995, pp. 83 y ss. El tratado reportó “beneficios generales” para nuestra economía. El gobierno de Yrigoyen “había intentado algo semejante de menor complejidad, pero no pudo llevarlo a cabo. La administración presidida por Justo la puso en marcha... embretado por el proteccionismo europeo y, especialmente, el norteamericano”; Pérez Llana, Eduardo A. “Derecho Agrario”, 4ta. ed., Castellví, 1962, p. 531; Fraga, Rosendo, “El hijo de Roca”, de. Emecé, Bs. As., 1994, pp. 104 y ss. Cabe señalar -dice Fraga- que varios diarios británicos criticaron el acuerdo por considerar que otorgaba concesiones ‘excesivas’ a la Argentina”; Pipino, Ovidio M., “El tratado Roca-Runciman y el desarrollo industrial en la década del 30”, ed. Centro de Estudios Históricos, Bs. As., 1988; Aja Espil, Jorge A., “Tomás Le Breton, su tiempo y su mundo”, ed. Jockey Club, Bs.As., 1994, p. 30. Cita a Horacio Zorraquín Becú quien, en su “Manuel Malbrán” (CARI, “Los diplomáticos”, nro. 7, 1993), sostiene: “malos o buenos (los tratados con Inglaterra), le permitieron a la Argentina atravesar una crisis mundial avasalladora”; Drosdoff, Daniel, “El gobierno de las vacas” (1933-1956) tratado Roca-Runciman, de. La Bastilla, Bs.As. 1972, p. 166; Pereda, Horacio, “La ganadería argentina es una sola”, de. Sella, Bs.As., 1939; Pinedo, Federico, “En tiempos de la República”, de. Mundo Forense, Bs.As., 1946, vol. I; Martínez de Hoz, José Alfredo (h), “La agricultura y la ganadería argentina en el período 1930-1960”, de. Sudamericana, Bs.As., 1967.
(19) Barsky, Osvaldo, “La información estadística y las visiones sobre la estructura agraria pampeana”, en “El agro pampeano. El fin de un período” en colaboración con Alfredo Pucciarelli, ed. Flacso de la Oficina de Publicaciones del CBC, Universidad de Buenos Aires, , 1997, pp. 124 y ss.; Girbal-Blacha, Noemí M. “Ayer y hoy de la Argentina Rural”, Univ. Nac. de La Plata, Nac. del Litoral, Nac. de Quilmes. REUN y Página 12, Ed. La Página, Bs.As., 1997, pp. 52 y ss.
(20) Alemann, Roberto T., “Reflexiones sobre la estabilidad”, de. Jockey Club, Bs. As. 1993, pp. 15/6.
(21) Crotto, Enrique, “Los Sectores Productivos y la Banca. El Ahorro, el Crédito, el Costo del dinero y sus implicancias regionales” en las Sextas Jornadas Bancarias organizadas por ABRA (Bs.As. 7 de julio de 1995). Según el economista Raúl Fuentes Rossi “el crédito en la Argentina va a ser escaso, selectivo y costoso” (Cfr. Diario “La Nación”, Bs.As. 29/IV/1995, 4a. Secc. P. 4). Como signo negativo debo apuntar la evolución del gasto público que en 1991 fue de 47.937 millones de pesos y tres años más tarde alcanzó los 74.804.
(22) Rappoport, Verónica, “Argentina Libre de Aftosa”, Aspectos a tener en cuenta. En rev.”Hereford”, Año LX, Nº 603, pp. 47 y ss. Aclara la autora que los mercados del Lejano Oriente se encuentran virtualmente en manos de Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Ellos demandan animales más pesados y con mayor porcentaje de grasa.
(23) FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), “Reseña 1997 de la Actividad Económica 1997”, Número Especial, Julio1998, p. 90.
(24) Baldinelli, Elvio, “El Mercosur: oportunidades y riesgos”, ed. Jockey Club, 1995, pp.27/8.
(25) En los EE.UU. se estableció una cuota global de 656.621 tn. de cortes de carnes vacunas. De ellas corresponderán a Australia 378.214, a Nueva Zelanda 213.402, 200 a Japón y 64.805 a otros países indeterminados. Además podremos exceder el volumen asignado pero con un arancel del 31,3% que se reducirá linealmente en un 15%.
(26) Guadagni, Alieto A., “Comenzaron ya las huelgas del siglo XXI?”, en “La Nación”, Bs.As., 18 de enero de 1996, p. 7, sostiene que las huelgas que se produjeron en Francia demuestran la crisis del estado providencia, del “Welfare state” y de la política de subsidios, la que se acentuará durante las próximas décadas. “Lo que no pudo lograr el grupo Cairns ni las apelaciones a la racionalidad económica o a la preservación del medio ambiente será obtenidas en los próximos años por la fuerza arrolladora de la demografía”.
(27) Iriarte, Ignacio “Comercialización de ganados y carnes”. Algunos aspectos de su situación actual. Ed. Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado, Bs. As., julio de 1995; Herrera, Fernando, “La cuota Hilton y los productores rurales” en diario “La Nación”, Bs.As. 29 de abril de 1995, Secc. 4a., p. 4.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente creada Organización Mundial del Comercio contribuirá a evitar o por lo menos mitigar las políticas proteccionistas.
(28) La Fundación Okita, debe su nombre al orientador del desarrollo japonés. Fue concebida para multiplicar las relaciones entre la Argentina, Japón y el este asiático. Según el Ing. Agr. E. Takacs las compras niponas oscilan en unas 4.000 tn anuales de carne elaborada. En la actualidad los tres principales rubros donde tenemos ventajas competitivas son carnes, productos forestales y minerales. (Cfr. “La Nación”, Bs. As., 8/VII/1995, 2da. Secc. p. 5).
La Fundación publicó un estudio de Nélida Archenti sobre las expectativas argentino-japonesas, titulado “El Comercio Exterior y la Inversión en la Argentina” (Bs. As. 1995, p. 36), según el cual los países del sudeste asiático (que se han convertido en el centro de mayor crecimiento mundial, estimación que coincide con lo pronosticado por “La Nación” de Bs.As. del 29/IV/1995, 4ta. Secc., p. 1 y con la nota de Arturo Vierheller (h), titulada “Feed-lots y hacienda general del mismo diario y Secc. del 15/IV/1995, p. 1 y “Boletín de la Sociedad Rural Argentina”, año XXXVII, Nº 720, diciembre de 1994, p. 2) que podrían comerciar con nuestro país serían Japón en un 48,85%, China en un 35,0%, Corea 33,8%, Malasia 21,3%, Taiwan 13,8%, Singapur 8,0%, Indonesia 8,8%, Thailandia 5,0%, Filipinas 3,8%, Hong Kong 3,8%, Vietnam 1,3%, etc. En alimentos los posibles inversores en nuestro país, de acuerdo con el informe Okita, son Japón, China, Corea, Malasia, Taiwan y Singapur y en agroindustria los cuatro primeros .
(29) Carreras, Alberto de las, “Carnes: un nuevo escenario”, en “La Nación”, Bs.As. 17/VI/1995, 4ta. Secc. La nota refiere el último Congreso Internacional realizado por la OPIC (Oficina Permanente Internacional de la Carne, de la que fui fundador en Madrid en 1974 por la Sociedad Rural Argentina y cuya tesorería ejercí durante cuatro años ) y subraya la asistencia de 850 delegados de los cuales 220 eran del Asia. La información referente a la ASEAN pude verse en el diario “ABC” de Madrid del 30/VII/1995, p. 34. Los datos sobre China fueron publicados por el “Informativo Semanal” de la Bolsa de Comercio de Rosario, año XIV, Nº 693, de agosto de 1995, pp. 12/3.
(30) Solbrig, Otto T., “Agricultura y alimentación” en diario “La Nación” de Bs. As. del 29/IV/1995, 4ta. Secc., p. 1; cfr. “Ambito Financiero”, Bs.As., 14/VIII/1995, p. 18; Garat, Luis E. , “Ganadería, despejar los nubarrones”, en rev. “Anales” de la Sociedad Rural Argentina, año CXXVIII, Nº 2, agosto de 1995, pp. 4/6.Según Roberto T. Alemann (op. Cit. P. 18) los subsidios (a la producción agropecuaria) de los 24 países agrupados en la Organización Económica para el Desarrollo y la Cooperación (O.E.C.D.), con sede en París, alcanzaron el alucinante importe de 354.000 millones de dólares. Los déficits de esos 24 países, excepto Japón y Luxemburgo, alcanzan a la módica suma de un billón de U$S. anuales; o sea, el 4% del PB mundial.
El organismo de Solución de Diferencias de la recientemente creada Organización Mundial del Comercio contribuirá por lo menos a mitigar las políticas proteccionistas.

 


Pasado y Probable Futuro del Campo Argentino
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